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Trap fusiona todas las nuevas expresiones culturales

Posted By: Redaccion_1962 On:


En el momento en el que pregunté a un amiga “¿Qué es el trap?” ya era tarde porque, a pesar de no haberme dado cuenta, el dembow (base característica del reggaeton, prestada de la música jamaicana de los 80 y base rítmica del rap y el hip hop durante los 90) y el autotune ya se habían apropiado de mi cuerpo por completo. Mi amiga me respondió: “Querida, ya sabes qué es. ¡Si lo bailas!”. Agarré el móvil, googleé “trap” y sí, ya sabía lo que era. “¡Siento que lo conozco hace mil”, pensé.

Lo cierto es que recién uno o dos años antes de mi pregunta, el trap (específicamente el trap latino), empezaba a escucharse en los circuitos locales mainstream y antes de eso no pertenecía a mi circuito cultural nocturno. Básicamente, a mis veinte años elegía sótanos de dubstep (durante su pequeño auge en el under de Buenos Aires antes de ser absorbido por el pop) y ahora, a mis treinta, elijo ver bandas, pero no tanto bailar, aunque debería hacerlo más seguido. Siempre te estás perdiendo algo en una ciudad tan grande como esta, tengo que aceptarlo. Tal vez por mi edad o simplemente por haberme dejado de mover en circuitos under, el trap se me había pasado de largo hasta que lo tuve delante de mis narices… o mejor dicho, vibrando en mí.

Ok, pero… ¿qué es el trap? ¿Es un género? ¿Sigue teniendo sentido pensar en géneros musicales? Si tengo que contestar, te diría que la música es como un idioma (¡claro, es un lenguaje!), es inevitable que se mezcle, que cambie constantemente y mute según las influencias con las que se vaya chocando. En el caso del trap, ocurre exactamente esto: son muchos sonidos que vienen de diferentes regiones, usan muchos idiomas dentro de una misma canción. 

¿Qué fusiona?

En tiempos de millennials y centennials, de pantallas, de velocidad y de hiper comunicación e información, el TRAP digiere precisamente todo eso. Es la fusión de sonidos, son voces intervenidas con software, habla de snaps, habla de su emergencia en canales de YouTube y su fama se mide en viewslikes y shares. Básicamente, fusiona todas las nuevas expresiones culturales que se crucen por su camino. Hasta ahora no encuentra límite. El trap es un género que está rompiendo las fronteras de la industria, no solo a nivel musical, sino también a nivel de distribución. Además, rompe el lenguaje y lo trasciende: un mismo tema combina varios idiomas y expresiones, es un integrador de lenguajes.

Trap: la revolución es femenina y en español

Un día todo cambió, no sabés bien cómo, pero los top 5 dejaron de ser en inglés, dejaron de ser indies y, sobre todo, dejaron de ser voces masculinas. Cambiamos de género, en todo sentido. El mundo entero, como lo dice el line-up del Primavera Sound 2019, “bailó en femenino y en español”.

Esto no quiere decir que el trap sea un espacio feminista, pero sí que las mujeres se hicieron un lugar en él mucho más rápido que en otros géneros y salieron a ocupar un espacio mainstream en la movida, en las escuchas de Spotify y en los line-ups de festivales.

Tenés a Bad Gyal, una artista que combina español, inglés y catalán no solo en un mismo disco, sino en una misma canción. Sus letras son calientes, hablan de sexualidad, de libertad, de independencia y de plata sin ningún tabú. Me crucé con su música leyendo una reseña de una revista española, la googleé y no pude despegarme de su ritmo.

Su carrera no deja de ascender y todo empezó hace dos años cuando con Fake Guido colgaron en YouTube “Pai”, su primer corte: un cover de Work, la canción de Rihanna, pero reversionada al catalán. En pocos días llegó a los 3 millones de vistas.   

BAD GYAL “PAI”

También tenés a Cazzu, una artista de mi país (Argentina) que la está rompiendo, mano a mano con sus pares en un ambiente “de varones”, donde la definen como una reina. En el tema “Killa”, su carta de presentación que rompió internet superando millones de vistas en tiempo récord, dice “Acá no hay tiempo para los problemas. Sí, wacha, me robé toda la escena”. Tiene razón. Su carrera podría ser una serie de Netflix. Cazzu nació en Jujuy, empapada musicalmente en el folklore (música autóctona argentina que mezcla ritmos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces indígenas y afrohispano-coloniales), tuvo bandas de cumbia, estudió cine en Tucumán y vino a Buenos Aires para trapear. Ahora ya es del mundo entero y con 24 años, y 14 de carrera musical, se lleva todo puesto.

CAZZU “KILLA”

Por último, y no por eso menos importante, no puedo dejar de mencionar a otra queen que traspoló una novela del siglo XIV a canciones sobre el desamor y el maltrato, ¡sí! con capítulos y todo. Hablo de Rosalía. Su música, su estilo y sus letras, como ya lo marcamos en el trap, no pueden encasillarse en un género y ya. Hay una fusión de urbano, flamenco y otras especias, pero también (a pesar de que ella minimiza la influencia del género en algunas entrevistas) hay influencias del trap en sus temas. Su segundo LP, El Mal Querer, la posicionó como la española que más Grammys recibió por un único trabajo. El trap de las pibas llegó para quedarse.

ROSALÍA “MALAMENTE”

Future is TRAP?

No lo creo, el trap es el presente y el futuro, sonará punk, pero es incierto. Lo cierto es que el trap es el movimiento con el que hoy se identifican millones (contados en views de YouTube) de millennials y centennials. El trap cambió el modo de hacer música desde la técnica y desde la industria, dejando en jaque a las grandes discográficas. Las y los representantes de este movimiento no piensan en fronteras ni en un solo idioma, no se limitan a territorios y tienen una identidad propia. El presente es de esas personas, lo que pueda pasar mañana solo internet lo sabe.


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